Corte de Caña en El Seibo
Cutting Cane in El Seibo

Text by O. Bur 
Photos by O.Bur, Y.Jimenéz Suriel & M.Fondeur
12.2021

Es difícil comprender cuán lejos de nuestra realidad están las vidas cotidianas de las personas que trabajan en los campos de caña de azúcar hoy día. No hay manera de justificar que lxs terratenientes deshumanicen a sus trabajadores, la enorme brecha de riqueza y pobreza en el mismo lugar y comunidad, o la falta de educación y garantía de derechos humanos. Visitar un campo de caña de azúcar fue revelador sobre el impacto que tiene nuestra elección de las cosas más básicas en los supermercados y cómo podemos afectar positivamente a las próximas generaciones.

It is hard to understand how far off our reality these people’s lives are in these fields nowadays. There’s no way I can justify Landowners dehumanizing their workers, the huge gap of wealth and poverty in the same place and community, or the lack of education through the absence of human rights. Visiting a cane sugar field was eye-opening in what impact our choice of the most basic things in the supermarkets have and how we can positively affect the upcoming generations.

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Son las 6:00 am y estoy conduciendo hacia El Seibo junto a Yina y unxs amigxs. A través de un joven líder político que vive en esa ciudad, tendremos la oportunidad de visitar campos de caña, ver cómo crece, se corta y se monta en el tren de carga.

 

A poco más de dos horas conduciendo desde Santo Domingo llegamos al pueblo, donde nuestro guía nos está esperando. Conduce delante de nosotros en una pequeña motocicleta y nos lleva por algunas calles estrechas fuera de la ciudad. Las calles cambian de asfalto a grava, y las casas se ven más rústicas con cada minuto que avanzamos. La vegetación también va cambiando. Rápidamente el ambiente se siente más seco y caliente.

Nuestra primera parada fue en un batey, un pueblo pequeño que está dividido por algunas vías de tren y que en realidad se siente que está construido alrededor de la estación del tren. El paisaje es poco común porque los trenes no son realmente algo que uno vería en la República Dominicana, al menos no para el transporte público, como los que utilizo para vivir en Europa, por ejemplo. El tren aquí tampoco es para eso; las vías solo conducen a Central Romana, la fábrica donde se procesa la mayor parte del azúcar. Las casas que rodean la estación son muy rústicas y la gente comienza a notar los visitantes poco comunes que llegaron en el automóvil.

It’s 6am and I find myself driving to El Seibo, with Yina and some friends. Through a young political leader that lives in this town, we got a chance to visit the cane fields and see how sugar cane grows, gets cut, and loaded on the cargo train. Little more than two hours driving out of Santo Domingo, we reach the town, where our local guide is already waiting for us. He drives ahead of us on a small motorbike and leads us through some narrow streets out of town. The streets change from asphalt to gravel, and the houses look more rustic with every minute we drive. It feels like the vegetation is also changing. It’s getting hotter and dryer.

Our first stop was in a Batey, a small village that is divided through train tracks and actually feels built around the train station. The scenery is uncommon because trains are not really a thing one would see in the DR, at least not for public transportation, as I’m used to from living in Europe for example. The train here is also not for that; the tracks here only lead to Central Romana, the factory where most of the sugar gets processed. Houses here are very rustic, and people start noticing the uncommon visitors that come with a car.

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El hombre que vigila la estación nos da la bienvenida y felizmente nos explica lo que hace. Trabaja para la primera persona en la cadena de valor que emplea Central Romana. Su trabajo consiste en pesar la caña que se montará en el tren y hacer un reporte sobre su procedencia. Más tarde nos damos cuenta que esa estación no es solo el primer sitio donde Central Romana se involucra dentro de la producción, sino que también es el primer lugar donde las máquinas comienzan a usarse. Las toneladas de caña llegan hasta la estación sin motorización. La mayoría de la caña es tirada por animales después de que los humanos la cortan y la montan a mano.

 

Dejamos el batey y continuamos nuestra visita. La siguiente parada es en una de las casas de lxs terratenientes. La escena comienza a volverse irreal mientras subimos una pequeña colina rodeada de campos de caña. Nos dirigimos a una enorme mansión. Un empleado de seguridad nos espera y nos da una cálida bienvenida. Directamente nos ofrecen cocos frescos y frutas del jardín. Lxs dueñxs de la casa no están hoy aquí, viven en una lujosa comunidad cerrada con un resort. Aparentemente, solo vienen a esta casa para reuniones de negocios y política.

Mientras comemos naranjas frescas y bebemos agua de coco, el contraste no podría ser mayor con el batey que acabamos de visitar.  Nos damos cuenta que las personas que viven en aquel pequeño pueblo, son quienes trabajan la tierra que posee esta familia. Nosotros estamos más o menos a dos kilómetros del batey con la estación de tren, pero como quiera se puede ver desde aquí. Una sola familia es dueña de toda esta tierra que nos rodea. Estas familias ricas se llaman “colones” y la tierra normalmente se llama “colonia''. Desafortunadamente, estas dos palabras me hacen sentir que estoy en un documental de colonialismo y esclavitud. Recogemos nuestras cosas, agradecemos por la hospitalidad, y nos vamos hacia los campos donde según lo que vemos, están cosechando.

The man guarding the station welcomes us and is happy to explain to us more about what he does. He’s working for the first person in the Value Chain that Central Romana employs. His job is to weigh the Cane loaded on the cargo train and keep track of where it came from. Later we will understand, that this is not only the first place where Central Romana is really involved, but it is also the first place where machines come to use. All the tons of cane come here without motorization. Mostly the cane is pulled by animals after humans have cut and loaded the cane by hand. 

 

We leave the Batey and continue our visit. The next stop is at one of the land owner’s houses. The scene starts to get unreal as we drive up a little hill surrounded by cane fields. 

We are driving up to a huge mansion. A security employee is waiting for us and welcoming us warmly. Directly we get offered fresh coconuts and fruits from the garden. The house owner is not here today, the person mostly lives in a luxurious gated community and resort close by. Apparently, they only come here for business and political meetings.

As we eat fresh oranges and drink coconut water, the contrast couldn’t be bigger to the Batey we just visited. We understand that the people living in this village are the ones working the land owned by this family. We’re about two kilometers away from this Batey with the train station but can still see it from here. One family owns all the land around us. These wealthy families are called “Colones,” and for the Farmland, mostly the word “colonia” is used. Sadly, these two words are the last two things that make me feel like I’m somehow in a documentary about colonialism and slavery. We pack up, thank the hospitality and leave towards the fields where today people are harvesting.

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El Corte

 

Paramos en un cruce en el campo y salimos del auto en un calor intenso. El aire está seco. El sol está en su punto máximo y no hay sombra a la vista. Todo lo que vemos son campos interminables de caña de azúcar.

 

El sonido de los machetes cortando la caña y los hombres jalandolas para ponerlas en fila, era muy intenso, también escuchamos gente cantando en creole haitiano. 

 

Un lado del campo está totalmente quemado y se siente como una pesadilla, preguntamos si es algo normal o  algo catastrófico había sucedido. Para averiguarlo, nos dijeron que atravesaramos esa área en dirección hacia la casa que acabamos de visitar. La casa está localizada en la única colina visible a través de todo el campo de cultivo. Nos ayuda a no perdernos porque siempre podemos orientarnos con solo mirar la casa. Obviamente, significa que donde sea que estábamos en el campo somos visibles para cualquiera que esté en la casa.

 

Después de una corta caminata, estamos empapadxs en sudor, conocemos a la persona responsable de la cosecha quien nos contará y mostrará cómo es el trabajo en el campo. Lo primero después de saludarnos es una advertencia: no debemos hablar ni acercarnos a los hombres que cortan la caña de azúcar, "no les gusta interactuar y pueden ser agresivos". La forma en que habla y nos advierte de que no nos acerquemos demasiado a los trabajadores, me recuerda a alguien que habla de un perro salvaje que a gente trabajadora, especialmente en el Caribe, donde siempre he sentido que hay espacio para una broma o una breve conversación.


Mientras observo esta escena aparentemente irreal, tengo que recordarme a mí mismo que cada bebida o comida dulce tiene su origen de alguna manera con las personas que están aquí. Estos hombres altos usan un abrigo para protegerse del calor, para que el sudor no se evapore y los mantenga frescos. El trabajo parece extremadamente duro. Mientras golpean y cortan la planta de caña de azúcar un poco por encima del suelo seco, con la otra mano lanzan el palo largo detrás de ellos en una línea. La persona que está explicandonos dice que cada trabajador tiene su propia línea y trabaja en líneas rectas a través del campo.

Hacen el trabajo en líneas para poder poder rastrear cuanta caña corta cada persona. Esto es muy importante porque la cantidad que le pagan depende de la cantidad de caña cortada que entregan. 

 

200 pesos dominicanos por tonelada.

Eso es más o menos 3 o 4 dólares estadounidenses por tonelada de caña cortada. Solo cuenta cuando la caña está cortada, le quitan las hojas, y montan los palos en un carrito que luego será llevado a la estación de tren por bueyes.

 

Para cortar una tonelada de caña, normalmente una persona dura entre un día y medio y dos días. Las personas trabajan de 4:00 am a 4:00 pm. Descansan por 10 minutos cada dos horas para comer y beber. Casi nunca tienen que ir al baño porque sudan demasiado líquido que nunca llega a la vejiga. 

 

Si sus cuerpos no pueden seguir el ritmo del trabajo físico, perderán su trabajo y alguien más les reemplazará. Bajo estas condiciones no hay posibilidad alguna de que quienes viven y trabajan en bateyes puedan desarrollarse y cambiar su cotidianidad. Ningún seguro médico o pensión mantendrá la espalda de estas personas que sudan todos los días durante doce horas, los siete días de la semana para que nosotrxs podamos tomar un refresco mientras leemos en internet en un día caluroso.

El Corte

We stop at a crossing in the fields and step out of the car in this burning heat. The air is dry. The sun is peeking, and there’s no shadow in sight. All we see are endless fields of sugar cane.

 

The sound of machetes hitting these plants and men pulling them into line is very dominant. We also hear some singing in haitian creole.

 

One field is totally burned down and looks like a nightmare. We’re wondering whether this is normal or if something catastrophic happened. To be able to find out, we were told to walk past this field towards the house that we had just visited. The house is located on the only hill sticking out of the fields. It helps us not get lost because we always find orientation by looking at the house again. Obviously, this also means that wherever we are in the fields, we’re visual for anyone located in the house.

 

After a short walk, we’re soaked in sweat, and get to know the person responsible for the harvest. He is our contact here and will tell and show us how the work on the fields is like. The first thing after greeting us is a warning. We should not talk or go close to the man cutting the sugar cane. “They don’t like to interact and can be aggressive.” The way he talks and warns us from getting too close to the workers reminds me more of someone talking about a wild and angry dog, than working people. Especially in the Caribbean, where I always felt like there’s space for a joke or a quick chat. 


While looking at this unreal seeming scene, I have to remind myself that every sweet beverage or food has its origin somehow with these guys here. These tall men wear pullovers to protect them from the heat, so the sweat doesn’t evaporate and keep them cool. The Work looks extremely hard. While they are hitting and cutting the sugar cane plant a little above the dry soil, with the other hand, they throw the long stick behind them on a line. The Person tells us that each worker has their own line and works straight through the fields.

Work gets done in these lines, so it is easier to track who cut how much cane. This is one of the very important things to know since everyone gets paid per amount of cut cane they deliver. 

 

200 DOP per ton. 

That translates to something between three and four dollars per ton of cut cane. It counts not when it's cut but when the leaves are cleaned away, and the thick stems are loaded on a kart that later will be pulled to the train station by bullocks. 

 

To work a ton of cane, it usually takes between one and a half to two days. Workers work from 4 am until 4 pm. 10 minute breaks every 2 hours to eat and drink. People rarely have to go to the toilet; they sweat too much for some liquid to end up in the bladder. 


If their bodies can’t keep up with the physical work, they’ll lose their jobs, and someone else will replace them. Under these conditions, there are no possibilities, for people living and working in these Bateyes, for development or education. No health insurance or pension whatsoever will keep the back of these humans that sweat every day for all these hours, seven days a week for us having some refreshing soft drink, while reading on the internet on a hot day.