Definiendo la Playa Perfecta
Defining the Perfect Beach

Text by O. Bur
Photos by J. Rozón
11.2021

Puede que Playa Najayo no sea la playa más tranquila o serena de la República Dominicana. La arena no es tan blanca como en los letreros, el agua no es tan turquesa, y tampoco es la playa más limpia. Las probabilidades de que seas la única persona en Playa Najayo son muy bajas. Posiblemente estés rodeadx por familias, parejas, y amigxs. Siempre hay una mezcla a todo volumen de Merengue, Bachata, y las últimas canciones de Dembow. Pero ¿quien ha definido lo que es una playa Dominicana hermosa?

 

Para mi, la Playa Najayo es la definición de una playa Dominicana perfecta. Cada vez que voy, el mismo sentimiento, el de llegar a casa, me hace sonreír. Encontrar una silla de madera azul clarito, pedir una cerveza fría, y disfrutar la vista de niños peleando con las olas, gente bailando y otros disfrutando pescado frito y tostones. 

 

Comiendo pescado frito en Boca Chica, yanikeke en la playa, moro de guandules y pastel en hoja. Bebiendo mamajuana en el mercado, buscando pan de Guáyiga y dulces de Baní. Cogiendo un plato de pescado con coco en Samaná y pan de batata envuelto en hojas de guineo y cocinado arriba de un fuego. Comiendo un quipe o Catibía y bebiendo una cerveza fría con un par de amigos. Encontrando bollos de yuca preparados en un sebucan.

Playa Najayo might not be the most calm or serene beach in the Dominican Republic. The sand is not as white as on the posters, the water not as turquoise, and neither is the beach very clean. Chances are also very small that you´re the only one there. You´re more likely to be surrounded by families, lovers, and friends. There is always a mix of loud Merengue, Bachata, and the newest Dembow tracks all blasting out of broken speakers. But who really defined what a beautiful Dominican beach is? 

 

To me, Playa Najayo is the definition of a beautiful Dominican beach. Each and every time I arrive, the same feeling, the feeling of coming home, makes me smile. Finding a wooden chair painted light blue, ordering a cold beer, and enjoying the sight of kids fighting the waves, people dancing and others enjoying the freshly cooked fish and fried platanos.

Having fried fish in Boca Chica, Yanikeke on the beach, Moro de Guandules, and Pastel en Hoja. Drinking Mamajuana on the market, searching for Pan de Guayiga and Dulces de Bani. Getting a plate of fish with coconut sauce like the  Samaná dish and Pan de Batata that has been wrapped in banana leaves and cooked over fire. Munching on a Quipe or Catibia and drinking a cold beer with some friends. Finding Bollos de Yuca prepared in a Sebucan.

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Como un viaje hermoso a través de las carreteras de la República Dominicana. Descubriendo sabores de cada parte de la isla. Aprendiendo sobre las recetas, las técnicas, y su historia. Las influencias de culturas lejanas que juntas crearon las identidades culinarias de la República Dominicana y la han hecho tan especial y única. El único sitio donde he ido en el cual se puede probar y disfrutar todos estos sabores es en la pequeña Playa Najayo en San Cristóbal.

 

En los pequeños estantes en el parqueo delante de la playa, hay señoras vendiendo pescado frito y yanikekes. La masa crujiente retiene el sabor del pescado porque se fríe en el mismo aceite. Es salado, frito, y todo lo que deseas en un día caluroso en la playa. Encontrarás bollos de yuca, que son bolas de yuca fritas. Lo que los hace tan especiales es que la pulpa es guayada a mano y colgada en una red llamada sebucan. Los pueblos originarios que habitaban la isla usaban esta técnica, y todavía se usa aunque modificada, en el parqueo de la Playa Najayo.

 

Cuando encuentro mi silla de madera azul cerca del restaurante, siempre pido pescado en salsa de coco, camarones de Sánchez a la criolla, y de guarnición moro de gandules y tostones. Lxs vendedorxs son quienes arman el verdadero show. Los maníes locales son tostados arriba de un fuego abierto con un poco de sal. Las almejas, frescas de su concha, aderezadas con escabeche y devoradas con varios sorbitos de la dulce y aromática mamajuana. Me paro de mi asiento para nadar en el mar mientras otro vendedor ofrece abrir un coco. La sal del mar, el agua de coco frío junto con un poco de ron. Todo simplemente sucede, los sabores te rodean, la música sonando en el fondo como si nunca hubiera silencio.

Like a beautiful journey through the roads of the Dominican Republic. Discovering flavors from every part of the island. Learning about dishes, techniques, and their past. The influences from faraway cultures that together created the culinary identity of the Dominican Republic and made it so unique. And yet, the only place that I’ve been, where you can experience and taste all of these flavors, is by the small beach of Najayo in San Cristóbal. 


In the small shelters built up on the parking lot in front of the beach, ladies are selling deep-fried fish and Yanikeke. The crispy sheet of dough gets its characteristic flavor by being fried in the same oil as the fish. It’s salty; it’s fried and all you want on a hot day by the beach. You´ll find Bollos de Yuca, fried balls made out of freshly ground cassava. This little fried ball is unique because the hand-grated pulp gets hung in a net called Sebucan.  This technique was used by the indigenous and is still used, although modified, at this very parking lot of Playa Najayo.

 
Once I find my blue wooden chair by the restaurant, I always order Chillo in coconut sauce, shrimp à la Criolla from Sanchez, and sides of Moro de Guandules and Tostones. The vendors are the ones that put on the real show. Local peanuts roasted on an open fire and slightly salted. Clams fresh out of the shell, dressed with spicy escabeche and devoured with a few sips of sweet and aromatic Mamajuana. I leave my seat for a dip in the sea while another vendor offers to open a coconut for me. The salt from the sea, the cold coconut water together with some dark rum. Everything just happens; the flavors are circulating around you, the music blasting in the background like it has never been silent. 

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Saco la masa del coco y le echo un vinagre de ajíes. La sal, el picante, la grasa, todo me conduce a pedir la primera ronda de cerveza. Gaseosa y casi congelada, la cerveza fría hace que todo se mezcle perfectamente. La comida llega. Sirven el pescado frito en una bandeja de metal con salsa en cada esquina. La salsa de coco es mágica y hace que el viaje valga la pena. Tus dedos no saben a dónde ir, a los tostones con sal y limón, al moro de guandules cremoso, a los camarones a la criolla, o a otro pedazo del delicioso pescado. Cuando te reclinas en la silla de madera azul, miras hacia el sol reflejado en el mar y todas tus preocupaciones desaparecen.

I scoop out the flesh from the young coconut and drizzle it with some chili vinaigrette. The salt, the spice, the fat, it all calls for the first round of beer. Fizzy and almost frozen, the cold beer makes it all come together. The food arrives. The cooked fish is served on a metal tray with sauce reaching every corner. The coconut sauce is magical and is worth the trip alone. Your fingers soon don’t know where to turn, double-fried plantains with salt and freshly squeezed lime juice, creamy Moro de Guandules, shrimps à la Criolla, or another piece of that delicious fish. When you lay back in your blue wooden chair, gaze out over the sun reflecting on the sea, worries seem far away. 

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Rosa pronto aparecerá en tu mesa, cargando su caja de plástico llena de dulces de coco. Descalzx vas a correr por el parqueo hacia Eminencia mientras tus pies se queman con la arena roja. Comprarás un pedazo de su pan de batata que ha sido cocinado arriba de un fuego abierto. Está todo ahí. Es la variedad de sabores ancestrales y una mezcla de culturas que hace sentido. Para mi, la Playa Najayo es la playa Dominicana perfecta. Es perfecta porque es única, porque no es nada como los letreros ni las revistas.

 

Mientras camino por el parqueo me pongo a pensar en cómo y por qué la Playa Najayo se ha convertido en un lugar tan diverso. Todo lo que leo sobre la historia culinaria de esta parte de la isla existe aquí. ¿Tendrá que ver con la cercanía del Ingenio Boca de Nigua? ¿Será porque queda en las rutas de cimarronaje hacia las altas montañas de la isla? ¿Será porque Trujillo era un foodie y esta era su playa favorita? ¿Quizás llamó a personas de todo el país para que prepararan todo tipo de delicias en esta playa?

Soon Rosa will appear at your table, carrying her plastic box filled with coconut sweets. You’ll run over the parking lot barefoot, burning your feet over the red sand to Emenencia. You buy a piece of her sweet potato bread that has been baked over an open fire. It’s all there. It's a variety of ancestral flavors and a mix of cultures, and it makes perfect sense. To me, Playa Najayo is the perfect Dominican beach. It’s perfect because it’s unique, because it's nothing like the posters and nothing like in the magazines. 

 

While I'm walking across the parking lot, I wonder why and how Playa Najayo became so diverse. Everything I´m reading about the island’s culinary heritage exists here. Does it have to do with the closeness of Ingenio Boca de Nigua? ​​Is it because it is on the maroon routes towards the high mountains of the island? Is it that Trujillo was a foodie and this was his favorite beach? Perhaps he called for people across the whole country to prepare all kinds of delights for him at this very beach?